Este texto es tomado de una entrada del Blog llamado Escala Errada, que recoge la visión de un equipo de arquitectos de la Universidad Nacional y de los Andes, dedicados al estudio de la ciudad y lo público.
PRIVAR LO PÚBLICO I:
LOS ANDENES DEL CAPITOLIO Y SUS VECINOS
(15 de Mayo de 2006 06:18:06)
Bien, entremos en materia. ¿Recuerdan la fotografía que les enseñamos la vez anterior? Pues desde hace algún tiempo, detrás de numerosas vallas de acero que superan el metro de altura, el Capitolio Nacional, en donde se acatan y promulgan las reformas más importantes de Colombia, y otros de los edificios de la manzana sur de la Plaza de Bolívar (entre ellos la Casa de Nariño, lugar en el que vive la persona que dirige nuestros intereses), ahora se encuentran como secuestrados. Quizá exageramos porque finalmente los podemos ver. Pero, ¿ello de qué nos sirve, si cuando caminamos por sus alrededores, jóvenes uniformados y armados nos impiden el paso próximo? ¿Es que estos edificios han sido hechos para ser vistos a distancia?
Así describía Thomas Reed su proyecto para el Capitolio Nacional: “El Palacio del total Gobierno de una República es, en lo civil, la casa de todos; ésta debe ser la expresión de mi obra. Nada pues de aislada cárcel, ni de hosca fortificación, ni de alegre teatro, nada tampoco de iglesia, toda vez que no tratamos de fábrica religiosa. Quede abierto ese atrio o ese patio, como una inmensa puerta por donde entre, con derecho de amo en su casa, toda la República”. Pero cuando a esa puerta se le antepone una reja, el edificio termina pareciendo un animal en el zoológico, aislado de la vida urbana, indiferente a quienes lo miran, e indiferenciado frente a la masa de edificios de la ciudad. Resulta pues paradójico, que la palabra República, cuya origen latino la ubica en la Roma anterior a Augusto, define el territorio del imperio. La Res Pública o la cosa pública, implicaba un lugar construido en su totalidad por caminos sin aduanas, que permitían el tránsito libre de un lugar a otro.
¿En un gobierno aparentemente democrático es posible que haya este tipo de transgresiones hacia lo público? ¿Acaso hemos perdido el sentido de lo público? ¿Alguna vez lo hemos tenido? ¿Por qué se nos impide circular por la ciudad libremente? Sobre esta última cuestión, cualquier ciudadano puede comprobar que, al caminar prevenidamente por los andenes del Capitolio y la casa de
Nariño, no tardará en aparecer un guardia presidencial ordenando pasar a la otra acera por motivos de “seguridad”. El caso se vuelve paradójico, hasta el punto de la risa el día domingo, cuando se exacerba la restricción sobre esta acera mientras miles de personas acuden a la ciclo-vía.
El caminar por estas aceras, nos convierte de inmediato en sospechosos, pues nos acercamos demasiado al lugar que debería constituirse como la máxima expresión de lo público. El hecho de que sea el propio estado quien prohíba el paso, hace de este abuso algo legal, legítimo o normal, y lo aceptamos sin cuestionarlo, quizá porque no sabemos que se nos están limitando nuestros derechos. Ante esta separación entre el estado y la sociedad civil, el gobierno se protege del pueblo que lo eligió. Nuestro interés no es polarizar el estado y la sociedad, como si fueran enemigos. Con eso estaríamos levantando la misma valla que nos separa. El espacio es de “todos”, de esto se trata la democracia. Vallas, rejas y muros no son sinónimo de seguridad, son privatización de lo público.
La seguridad al contrario, se construye a partir de la confianza. Todos deberíamos poder circular por nuestro espacio, por nuestra casa, que es la ciudad; y nuestros gobernantes también deberían poder estar tranquilos conviviendo junto con nosotros en una relación solidaria. Las instituciones deben estar al servicio del pueblo, no el pueblo al servicio de las instituciones. El Capitolio y la Casa de Nariño no son los únicos lugares en donde sucede esto. Lo mismo ocurre en la calle de la vicepresidencia, en las embajadas, estaciones de policía, Universidades, entre otros. Quienes nos deben proteger se salvaguardan de nosotros. El temor se ha apoderado de los gobernantes ¿A qué le temen? Quizás a su propia conciencia.
Escala Errada (una entrada en el blog del antiguo tiempo en línea)